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 Nuestro
siglo trae grandes cambios en el arte de la danza, que
nos obligan a diferentes análisis. Por un lado
tenemos la figura de Isadora Duncan (1877-1927),
gran reformadora de la danza que deja de lado las zapatillas
de punta, el vestuario encorsetado, la música
por encargo y la escenografía. Ella influenciará
con sus ideas a todos aquellos que la continúan.
Aunque sin una técnica definida y enrolándose
en un tipo de danza de improvisación sentará
las bases de la gran revolución del siglo XX.
También se debe rendir tributo a Loie Fuller
(1862-1928), norteamericana como Duncan,
quien fue el primer sponsor de la Duncan, y montaba
un espectáculo en el que era tan importante la
danza como el juego con telas y luces. Una parte de
las nuevas ideas tienen su fundamento en las teorías
de François Delsarte, quien había
hecho un estudio completo de la musculatura, los gestos
y los movimientos llegando a la conclusión de
que cada gesto tenía una intención emocional.
 Las
ideas de Delsarte, las de Duncan, y sobretodo
las de Jacques Dalcroze, influenciarán
a los alemanes, quienes crearán el movimiento
de Danza Expresionista. Dalcroze sostenía
que la rítmica, el solfeo y la gimnasia estaban
en la base del equilibrio físico y moral del
hombre. Así crea su Rítmica, que
influenciará a músicos y bailarines alemanes.
Entre estos se encuentra Rudolf von Laban (1879-1958),
quien crea un sistema de movimiento coral en el que
intervenían conocedores y neófitos. Sus
teorías sientan la base de
la Danza Expresionista. El término
expresionista había sido acuñado por Horwath
Walden en 1910 al fundar la revistaDer
Sturm (La Tormenta) y surge como
contrapartida al Impresionismo, en el cuál
la naturaleza deja huella en el artista. En el Expresionismo
el movimiento es del sujeto hacia el mundo, el artista
se proyecta imprimiendo su huella en el objeto. Paralelo
a los dos movimientos expresionistas de las artes plásticas,
El Puente y El Jinete Azul,
tendrá en la danza un alto y perdurable valor.
Artistas de la talla de Mary Wigman (1886-1973),
Kurt Jooss (1901-1978), Harald Kreutzberg
y sus seguidores harán de este movimiento unaescuela.
Kreutzberg llevará sus obras a EE.UU.,
donde se conocerá como German Dance,
al igual que Wigman, quien instalará una
escuela allí de la mano de Hania Holm.
Los hijos artísticos de este movimiento son la
danza-teatro y la danza butoh, movimiento
de origen japonés.
Entretanto,
desde Rusia hacía su aparición
en el continente la mítica figura de
Serge de Diaghilev (19-3-1872/19-8-1929)
con sus Ballets Russes. Diaghilev
era un joven abogado perteneciente a una familia de
nobles hacendados, que había estudiado música
y colaborado con los Teatros Imperiales. Es el
primero en llevar a su país la música
y la pintura impresionista, y el primero en llevar el
ballet ruso fuera de las fronteras, generando un conjunto
que se caracterizó por tener luminarias del ballet,
la plástica y la música al tiempo que
sus estrenos eran ovacionados tanto por la técnica
como por el esplendor de sus puestas en escena. Figuras
de la talla de Ana Pavlova, Vaslav Nijinsky, Tamara
Karsavina, Adolphe Bolm entre los bailarines, Igor
Stravinsky, Maurice Ravel, Claude Debussy, Manuel de
Falla, Erik Satie, Serge Prokoffieff. Entre
los músicos, Michel Fokine, Vaslav Nijinsky,
Boris Romanov, Léonide Massine, Bronislava Nijinska,
George Balanchine entre los coreógrafos y
Alexandre Benois, Léon Bakst, José
María Sert,Roerich, Pablo Picasso, GeorgeBraque,
Joan Miró, Max Ernst, Juan Gris,Giorgio de Chirico,
Maurice Utrillo, Dérain entre los escenógrafos
formaron parte del conjunto más rutilante de
la época y a pesar del mismo Diaghilev,
el que se permitió también los estrenos
más notables por su modernidad. A este respecto
debemos notar Laprès-midi dun
faune de Debussy-Nijinsky, La
Consagración de la Primavera de Stravinsky-Nijinsky
y el único ballet cubista de la historia, Parade,
con coreografía de Léonide Massine,
música de Eric Satie y escenografía
de Pablo Picasso, obra perdida en nuestros días.
La
compañía hace su estreno el 19 de Mayo
de 1909 en el Théâtre du Châtelet
en París, cubriendo veinte años
de historia con estrenos, reposiciones rutilantes y
numerosas giras alrededor del mundo. A la muerte
de Diaghilev en 1927 el conjunto se disuelve
y sus integrantes llevarán sus conocimientos
y experiencia a distintas compañías de
Europa y EE.UU.
La
Danza Moderna, como se llamará posteriormente,
ha nacido pues de las ideas renovadoras de todos ellos.
Así, en EE.UU. el movimiento tiene una
repercusión espectacular. Entre las primeras
figuras que brillarán están Ruth St.-Denis
y Ted Shawn pero sobretodo Martha Graham (11-5-1894/1-4-1991)
quien será la creadora de una escuela, una técnica
y una obra que aún perdura. Su obra está
dividida en dos etapas muy disímiles. En la primera
hay una fuerte presencia del elemento local (Primavera
en los Apalaches), mientras que en la segunda trata
los mitos y leyendas de la dramaturgia griega.
  
También
hay que destacar la figura de Doris Humphrey
(1895-1958) como maestra, bailarina, creadora
y estudiosa del diseño coreográfico, de
José Limón (México,
1908-1972) y otros que trabajaron en la creación
de la nueva manifestación tanto en lo técnico
como en lo espectacular.
 En
EE.UU. además comienza a desarrollarse
el estudio y creación en el área del ballet
clásico. Una figura muy importante es Lincoln
Kirstein quien había presenciado en Venecia
el entierro de Diaghilev y encontrándose
con George Balanchine, antiguo bailarín
y coreógrafo de los Ballets Russes estará
en la base de la creación del ballet americano.
Su compañía es el New York City Ballet.
Asímismo es de destacar el American Ballet
Theatre creado gracias al empuje de Lucía
Chase, Anthony Tudor y otros.
En
el resto de América Latina hay escuelas de las
dos técnicas. Así podemos citar en la
Argentina el Teatro Colón de Buenos
Aires, el Ballet Contemporáneo del
Teatro General San Martín, el Ballet
del Sur (Bahía Blanca) y otras en el interior
del país. Es muy importante en el terreno de
la danza moderna el movimiento independiente creando,
experimentando y exponiendo obra permanentemente.
Así
la danza... una manera de ser tan particular, espectáculo
visual y al mismo tiempo ritual se erige como la forma
más pura del juego.
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